Con el Mundial de fútbol ya en marcha, muchas empresas peruanas enfrentan una pregunta recurrente cada cuatro años: ¿cómo permitir que los colaboradores sigan los partidos sin que la productividad ni el clima laboral se vean afectados? Aunque la selección peruana no haya clasificado, el interés por el torneo se mantiene alto, y los horarios de los encuentros —mañana, tarde y noche— hacen inevitable que se crucen con la jornada laboral.
Especialistas en derecho laboral coinciden en que la clave está en la anticipación, no en la improvisación. Entre las medidas que una empresa puede evaluar están: permitir el ingreso más tarde o la salida más temprana a solicitud del trabajador (compensando después el tiempo no laborado), otorgar vacaciones fraccionadas por acuerdo escrito entre las partes, o habilitar trabajo remoto puntual siempre que esté claramente delimitado y no se convierta en una jornada sin control.
También es momento de revisar —o definir, si no existen— las reglas internas sobre código de vestimenta (por ejemplo, si se permite asistir con camisetas de las selecciones) y las consecuencias de conductas que si bien no son nuevas, se repiten en cada Mundial: regresar al trabajo en estado de ebriedad después de un partido, o presentar certificados médicos falsos para faltar. Estas conductas pueden calificar como falta grave según el reglamento interno y el tipo de labor que desempeñe cada trabajador.
La recomendación de fondo no cambia con el Mundial: contar con un reglamento interno de trabajo claro, comunicado con anticipación, evita que una situación excepcional termine en un conflicto laboral o en un despido evitable.
En Clínica Empresarial acompañamos a las empresas en la revisión y actualización de sus políticas internas y reglamentos, para que este tipo de situaciones —el Mundial o cualquier otra coyuntura— se resuelvan con reglas claras y no caso por caso.

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