El último reporte del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2025/2026 confirma una paradoja peruana: el 84.2% de los peruanos identifica una oportunidad de negocio a su alrededor, pero solo el 19.9% tiene intención real de emprender en los próximos tres años. El problema no es la falta de ideas —el Perú destaca en optimismo emprendedor—, sino las condiciones del entorno para convertir esas ideas en empresas sostenibles: el país se ubicó en el puesto 46 de 53 economías evaluadas en calidad del ecosistema emprendedor.
El reporte identifica un círculo vicioso conocido por cualquier empresario peruano: muchos negocios no se formalizan porque no acceden a crédito, y no acceden a crédito porque no están formalizados. A esto se suma que más del 70% de quienes emprenden lo hacen por necesidad —ante la falta de un empleo dependiente— y no como parte de un plan de negocio estructurado, lo que explica también las altas tasas de abandono en los primeros meses.
El dato más interesante para cualquier empresa familiar o en crecimiento es otro: los negocios que logran proyectarse y generar más empleo suelen ser aquellos que se piensan como un legado, no como una fuente de ingreso rápido. Esa visión de largo plazo cambia las decisiones de inversión, contratación y formalización desde el primer día.
Cerrar la brecha entre “ver” una oportunidad y “ejecutarla” no depende solo de las condiciones del país: depende también de que la empresa cuente con una estructura comercial ordenada, procesos definidos y un plan de crecimiento realista, en lugar de avanzar por intuición.
En Clínica Empresarial ayudamos a que la idea o el negocio en marcha se convierta en una operación comercial estructurada, con estrategia de ventas, procesos e indicadores claros para crecer de forma sostenible.

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